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El regreso de la Matute

21 de septiembre de 2014




 Ana María Matute ha vuelto. En realidad, no se ha marchado nunca: aquí están sus libros, aquí está su memoria, la primera y la última, la perenne y la olvidadiza; su memoria, férreamente asentada sobre la tierra...
  La editorial Destino nos presenta la novela póstuma de Ana María Matute, "Demonios familiares". Abajo os dejo el enlace que ofrece el diario El Mundo con las primeras páginas.
Que disfrutéis; yo ya las he leído y pienso comprar el libro.


 Ana María Mattute, "Demonios familiares". Barcelona, Destino, 2014.





http://www.elmundo.es/cultura/2014/09/21/541df04222601d622d8b4589.html?a=303aebceee954eb68571933eee727ed1&t=1411292272

Matute-Caperucita

30 de junio de 2014








Precioso artículo el que ha escrito Guillermo Busutil sobre Ana María Matute -hiperescritora, hiperniña, hiperresiliente ante todo. Vencedora de la desgracia y de la muerte -a través de su literatura-  también.

El artículo de Guillermo podéis leerlo aquí:








El funeral de la Matute

28 de junio de 2014



  Cerca  de ciento cincuenta personas asistieron al funeral de Ana María Matute, dice el periódico El País en su versión digital. Más de doscientas, aseguran, piadosas, otras fuentes....Menos que en cualquier entierro de pueblo, en cualquier entierro de uno de sus vecinos. Los periódicos, eso sí, citan entre los asistentes, a algún conseller, a editores,a  escritores ignotos (así deben serlo para los redactores, pues en algún medio he leído "Pere Gimferré", sic)....No he leído que haya asistido ningún ministro ni representante de la Corona ni de otras altas instancias (la Corona, eso sí, mandó una corona...de flores).
 Con este homenaje "multitudinario" honra este país a una de sus escritoras más ilustres, ninguneándola en la última ceremonia con su cuerpo aún sobre la tierra...Muy ilustrativo de lo que le importa a este terruño la literatura y quienes la escriben.
 Luego se dice, cínicamente, que el mejor homenaje que se le puede hacer es leer su obra. Pero los escritores también son de este mundo y nacen y comen y mueren en este mundo; un mundo hecho de calor humano y de indiferencia -está visto- también.

Premio Cervantes

24 de noviembre de 2010



En mi biblioteca hay un estante especialísimo. En él están los libros que tienen dedicatoria y firma del autor. Uno de ellos, que guardo con especial cariño, es "El polizón del Ulises". Su autora me lo dedicó cuando estuvo en Málaga la temporada pasada. Ana María Matute es una de las narradoras más grandes que tiene la literatura española y, no se sabe por qué, estaban casi regateándole un premio de sobra merecido.
Por eso hoy, cuando he escuchado en la radio, en torno a las dos y media, a la ministra de Cultura leer el fallo del jurado del Premio Cervantes, he dicho (casi gritado): ¡Bien! Y alguien muy cercano a mí ha comentado humorísticamente: ¡Uf, menos mal que no se lo han dado a Joaquín Sabina...! (sustituir nombre propio por cualquier otro escritor o académico al gusto del lector).

Ana María Matute, "El polizón del Ulises". Barcelona, Lumen, 1965.

Vidas cruzadas

19 de febrero de 2010


Ayer fue una tarde inolvidable. Dentro del ciclo "Vidas cruzadas" del Centro Cultural Generación del 27 de Málaga fue el turno de Ana María Moix y Ana María Matute. Después de la impecable presentación literaria de la poetisa y directora del Centro, Aurora Luque, comenzó el diálogo. Un diálogo con vocación teatral, con una modesta escenografía de mesa con bebidas y dos sillones. Las dos escritoras parecían hablar distendidamente de sus vivencias comunes -compartieron una Barcelona casi íntima-, de sus obras literarias, pero en realidad mostrando toda su capacidad comunicativa para encantar a un auditorio que escuchaba atentamente, sumergido en una penumbra también muy teatral.
La Moix actuó con una sabia discreción, más que interrogando, sugiriendo temas y motivos para que, a partir de ellos, la Matute desplegara todo el caudal de su experiencia literaria y humana. Porque, a pesar de su apariencia frágil, Ana María Matute es un torrente de sabiduría narrrativa. Mas no sólo eso: posee una capacidad mágica para transmitir esa sabiduría, así como sus vivencias personales -las anécdotas más graciosas y mejor construidas- con una gracia incomparable.
Habló de la infancia, el territorio literario por excelencia; de los niños, de las maquetas de ciudades que construía para ellos con trozos de madera y tapones de medicamentos, escenarios a veces de historias terribles (como el conde que cambiaba cuadros por chuletas y acabó tirándose por la torre); de sus primeros libros ("Pequeño teatro", escrito a los diecisiete años: casi una niña); de sus maridos (El Bueno y El Malo, como en los cuentos); de "Olvidado rey Gudú", con el que emergió de una crisis personal terrible con una fuerza impresionante.
A esa magia que despliega con los adultos no son ajenos los niños. Un nieto de la escritora y editora Esther Tusquets preguntó asombrado un día a su abuela: "¿Es ésta la reina?"
La reina de la magia y de la ficción librescas, por supuesto.


(En la ilustración , una Ana María Matute jovencísima y guapísima).