
Si tuviera que comparar una artista con la escritora Kate Chopin, elegiría a Berthe Morisot. No sólo porque ambas son mujeres y contemporáneas, sino porque comparten algunos recursos estilísticos, cada una en su disciplina, literaria la de Chopin, pictórica la de Morisot. Esos recursos serían la búsqueda de la belleza del momento, la ligereza de la descripción de los motivos, la no insistencia en la perfección...como si ambas comprendiesen que no hay un arte perfecto, sino una recreación gozosa de lo pintado, unido con sutileza al placer mismo de pintar....
No hay grandilocuencia en las obras de estas mujeres, sí aguda observación.
(En la ilustración, Mujeres cortando flores, de Berthe Morisot).
Kate Chopin, "El despertar". Madrid, Hiperión, 2005.
Kate y Berthe
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El despertar
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Acabo de descubrir a Kate Chopin. Ha sido a través de la escritora Laura Freixas, que la cita en un artículo de la revista "Mercurio". Y no he dudado un instante en pedir este título a la empresa Agapea ("libros urgentes" como se define en lema publicitario: por supuesto que la urgencia afecta a la lectura y a la posesión de un libro concreto también, por si alguien lo dudaba).
La dulzura del rostro de la señora de la izquierda no debe engañar: si nos fijamos, hay en su rostro un amago de sonrisa irónica, sin duda el inicio de la puesta en duda de algo o el gesto previo a una irónica expresión verbal; tras él se esconde una inteligencia y un talento en absoluto desdeñables.
Kate Chopin nace en 1851 (el mismo año que doña Emilia Pardo Bazán) en Saint Louis (Missouri) pero se traslada a vivir a Nueva Orléans tras su matrimonio. Y será en esta sociedad y en este paisaje sureños donde se ambiente su producción literaria. Una producción demasiado corta no sólo por la brevedad misma de su vida (muere con cincuenta y dos años pero poco más o menos con esa edad muere Balzac y su obra es ingente), sino porque empezó su carrera literaria relativamente tarde (primero había sido una esposa y madre como debía ser: no-escritora) y quizá también por la espantosa (cínica, despiadada) recepción de esta novela. Antes de "El despertar" había escrito otra novela y dos libros de relatos pero sin duda es ésta su obra más lograda por la caracterización de su personaje femenino (le dedicaremos otra entradilla más adelante).
(En la ilustración, una fotografía de Kate Chopin, née Katherine O´Flaherty).
Kate Chopin, "El despertar". Madrid, Hiperión, 2005.
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Mujeres fin de siglo
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En el relato "El intérprete griego" conocemos dos detalles de la vida personal de Sherlock Holmes: que tiene un hermano -un lumbrera también pero muchísimo más indolente también- y su "aversión a las mujeres". Éste último dato lo deja caer Watson, que a esas alturas debe conocer bien a su amigo, aunque lo sorprenda con sus relaciones familiares.
Es difícil dilucidar qué característica del genérico "mujeres" no le gustaba a nuestro detective. Es cierto que finalizando la centuria no todas las mujeres pueden tener una preparación intelectual o profesional que le resulten dignas de interés al misántropo de Baker Street. Pero es cierto que, aparte de las bellezas típicas de cada época, había ya mujeres muy interesantes, no sólo las intelectuales o escritoras conocidas sino mujeres con criterios e ideas propias. Emancipadas o no, a fines del XIX hay mujeres, en un número creciente, que buscan ya otro horizonte distinto del limitado mundo doméstico.
Nuestra amiga Laura V. ha investigado en un ámbito concreto -la prensa- la intervención de las féminas fin de siècle y ha escrito un artículo interesantísimo titulado "Del gabinete perfumado a la redacción del periódico. Marisabidillas en la Barcelona de fines del XIX". Que esperamos ver pronto publicado.
(En la ilustración, el retrato de lady Agnew del pintor John Singer Sargent, de 1892).
Publicado por HLO en 18:21 1 comentarios
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Tula
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Gertrudis Gómez de Avellaneda (Tula para su círculo más íntimo) nació en Cuba en 1814. Después de una primera juventud en la isla (donde se formaría su talento poético y lugar de inspiración para novelas como "Sab") se instaló en la península, primero en La Coruña, luego en Sevilla y finalmente en Madrid. Allí desarrollaría su labor literaria y allí fallecería en 1873 -su cadáver saldría rumbo al cementerio desde su domicilio de la calle Ferraz.
Fue una mujer hermosísima a decir de sus contemporáneos (es posible que el retrato de Madrazo no le haga justicia) y con un temperamento apasionado. Lo cual la hacía doblemente temible.. De ese temperamento, que une a su talento literario, da cuenta el epistolario que se conserva dirigido a un tal Cepeda (un aristócrata sevillano, pavisoso de por sí, que fue incapaz de estar a la altura de a pasión que la cubana le ofrecía), así como las cartas que dirigiría a Tassara (con quien tuvo una hija) y a un corresponsal al principio anónimo (otro paniaguado).
Además de la citada novela y una temprana autobiografía, la Avellaneda escribió obras de teatro y sobre todo poesía.
A un listo de la época no se le ocurrió elogiarla más que de este modo: "¡Es mucho hombre esta mujer!".
Gertrudis Gómez de Avellaneda, "Poesías y epistolario de amor y amistad". Madrid, Castalia, 1989.
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La sala amarilla
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Mona Caird (1854-1932) fue una novelista británica muy interesante. Amiga del también escritor Thomas Hardy (ver etiquetas), se movió en los círculos literarios y artísticos de Rossetti, el pintor prerrafaelita.
En su obra literaria se halla una crítica de caracter feminista a instituciones como el matrimonio, no sólo en su ensayo titulado explícitamente "Marriage", sino en su obra narrativa. El relato "La sala amarilla" es un ejemplo de esto. Contado desde un punto de vista masculino, se narra en él la fascinación y a la vez el rechazo que siente un hombre por una mujer, Vanora. Una joven en absoluto convencional y que rompe los esquemas de lo que debe ser una mujer para ese hombre finisecular. "Una mujer de verdad es reservada, discreta, indistinguible, incluso hasta cuando la conoces bien, y en ese momento es como cualquier otra mujer de verdad en esas mismas circunstancias" (pág.206).
Mona Caird, "La sala amarilla", en "Fin de siècle: relatos de mujeres en lengua inglesa". Edición de María Luisa Venegas, Juan Ignacio Guijarro y María Isabel Porcel. Madrid, Cátedra, 2009.
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