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Leer a Saramago

31 de julio de 2010



¿Qué es lo que me gustaría leer de Saramago? Su declaración de la renta (vulgo IRPF)...La que nunca escribió ni firmó en los últimos años, desde que se instaló en la isla de Lanzarote (Spain). Según la Agencia Tributaria (esa Hacienda que dicen que somos todos), le llegó a deber al fisco más de setecientos mil euros...
Estas minucias, desde luego, no empañan la calidad literaria del autor. Hasta ahí podíamos llegar. Pero sí emborronan su trayectoria como intelectual comprometido, como abogado de causas perdidas.Porque si no te comprometes -con la pela- con el sitio donde vives, qué sentido tiene comprometerse con lo que ni te roza. Queda bien, pero a la luz de lo otro, resulta bastante cínico.
Lo siento, pero se me han caído los palos del sombrajo con Saramago. ¿Será, además, porque es una época de crisis económica, de recortes de sueldos, de congelación de pensiones,de contrarreforma laboral? Y deberle al fisco más de cien millones de la antiguas pesetas es ligeramente...grave.

(En la ilustración, el municipio lanzaroteño de Tías, donde residió Saramago los últimos años de su vida y donde falleció).

El viaje del elefante

8 de julio de 2010


Sí: hasta en los hipermercados hay literatura. En ediciones baratas, de acuerdo; entre montañas de novelas rosa infumables, también; a despecho de libros escritos por presentadores de televisión ¡cómo no! Pero existe. Lo mismo te puedes traer entre los panes y los filetes un Lope de Vega en Austral, que un premio nobel -éste es el caso- con la etiqueta de la colección del sillón. El libro es un alimento terrestre.
La novela de Saramago que compro lleva esta escalofriante dedicatoria: "A Pilar, que no dejó que yo muriera". Ahora, la viuda no podrá abrir el libro sin sentir una punzada de remordimiento.

José Saramago,"El viaje del elefante". Madrid, Santillana, 2010.

Muerte de Saramago

18 de junio de 2010



Conocí a Saramago. Quiero decir: él era una de las estrella invitadas a una concentración algo peculiar de jóvenes creadores y escritores consagrados, y yo un espécimen algo inefinido de aquéllos.
Saramago hablaba en su "portuñol" particular, con lucidez y un deje de socarronería también; mas sin ser áspero jamás. Le pedí que me dedicara uno de sus libros, "Memorial del convento",un texto densamente barroco, sin un signo de interrogación, sin un signo de exclamación (la pregunta, la admiración es todo el libro entero).
Y en la dedicatoria, con un abrazo, firma, en vez de Mollina -la localidad malagueña en la que nos encontrábanos-, "Monilla". (Quisiera pensar que lo traicionó el subconsciente).
Este libro, todos sus libros, nos acompañarán en la memoria siempre.


José Saramago, "Memorial del convento". Barcelona, Seix-Barral, 1992.