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Cuadernos de Virginia

31 de enero de 2013

El verano pasado no, el anterior, leí a Virginia Woolf con intensidad. Ya había leído algunas de sus obras, biografías también, pero ahora me adentraba en su vida y en su literatura con cierta malsana fruición. Buscaba datos, hechos, relaciones personales, objetos materiales en apariencia irrelevantes, cosas que me ayudasen a reconstruir, no tanto a la verdadera Virginia Woolf, como a una hipótesis de ella, la mía. Deseaba convertirla en criatura de ficción -a ella que tantas ficciones había alumbrado, a la creadora por excelencia- y así lo hice. Convertí a Virginia en la protagonista de una novela corta. Con lo que no pude contar -ni ningún especialista en su vida y obra, por otra parte- fue con estos ocho cuadernos que se han subastado en una afamada casa londinense. Ocho libretillas -una agenda es la que podemos ver en la imagen- datadas entre 1930 y 1941, en las que Virginia Woolf anotaba citas particulares y otras cuestiones de su vida cotidiana. Poco más de setenta mil euros ha pagado la Universidad de Sussex por ello, una minucia en realidad dado su valor casi de reliquia.
El veintiocho de marzo de 1941, el marido de Virginia, Leonard, escribió "Muerta". Lo cual me parece una especie de profanación; no había necesidad de escribir esa maldita palabra para constatarlo. Sobraban aquí, como en pocas ocasiones, las palabras.

Las olas

21 de julio de 2011


La novela virginiana está en el filo dudoso del agua y el aire entremezclados: en los límites ciertos de la legibilidad. Con "Las olas" Virginia Woolf crea un lenguaje poético muy personal y de gran belleza en muchos aspectos, pero que es, en sí mismo, una callejón sin salida. No hay opción para seguir adelante en esa senda; no es posible ir más allá en la pérdida de referencias comunes con el lector, en la utilización de un lenguaje no convencional (es decir, no sustentado en la tradición, en el uso compartido del lenguaje). La dilución del sentido, la inanidad, la atomización del mundo -su insignificancia dado su carácter tan íntimo que se convierte en intransferible- acechan como un monstruo a cualquier texto que ose dar un paso más en esa dirección.
Seis personajes tejen sus monólogos, partiendo de una infancia en común. Y las olas, marco de referencia visual, abren esos grandes capítulos que agrupan las distintas voces, voces sobre las que vemos pasar el tiempo como el tiempo envuelve el agua y la riza hasta convertirla en un cúmulo de espuma....(el tiempo y la muerte como corolario, el tiempo y la percepción del tiempo).
No es posible comprender este texto sin tener en cuanta las condiciones de su escritura y publicación. A la altura de 1931, Virginia Woolf era una escritora de éxito. No obstante, su libertad para escribir lo que quisiera, para innovar en los aspectos que le diese la gana, se asentaba en el sencillísimo hecho de que la publicación de sus obras estaba asegurada en la empresa editorial que ella y Leonard, su marido, poseían. No quiero ni pensar qué hubiera pasado con esta novela en un mercado editorial como el que hoy padecemos (si Virgina fuese nuestra contemporánea, si no poseyese editorial alguna). Estaría sumergida, a buen seguro, en las profundidades de cualquier archivo informático sin la más mínima posibilidad de salir a la superficie.

Virginia Woolf, "Las olas". Madrid, Cátedra, 2010 (1931).

Los años

9 de julio de 2011


Para narrar la época victoriana, la escritora sabe que, forzosamente, ha de volver a una escritura más tradicional. Volver a "los hechos" (una novela de hechos, escribe Virginia Woolf en alguna parte de sus diarios sobre esta novela que iba a titularse "Los Pargiter"). No son, en modo alguno, grandes acontecimientos, sí los que marcan el devenir de una familia. Como esa muerte de la madre que no llega; esa madre moribunda que también ha sido odiada por una de sus hijas...
No obstante, la novela no sólo recrea un período (el último tramo de la era victoriana) sino que va avanzando en años que funcionan como títulos de los capítulos. Así, 1880, 1907, 1908, 1910....
Londres vuelve a tener un protagonismo fundamental en el discurso narrativo; un Londres febricitante, hasta voluptuoso, siempre amado.

Virginia Woolf, "Los años". Barcelona, Debolsillo, 2011.

Virginia Dalloway

2 de julio de 2011

De Virginia Woolf sólo había leído "Orlando", "Flush", "La señora Dalloway recibe" (relatos), y "Una habitación propia" y "Las mujeres y la literatura" (ensayos). De "Las olas" tengo un recuerdo tan vago que no sé si la leí entera o sólo algún fragmento. Eso sin contar el "Diario de una escritora", que publicó Fuentetaja.
Hoy me he comprado "La señora Dalloway": en una entrevista a la sobrina-nieta de la escritora dice ésta que a Vrginia la llamaban en familia la señora Dalloway....
He encargado, además, "Las olas" y "Los años", en Agapea, para variar.
Me está gustando esta señora Dalloway. Temía, no sé por qué, que fuera cursi, algo demodé, como las lilas. Pero, al igual que en éstas, la vitalidad, la potencia de su colorido, su alta calidad estética, se sobreponen a la estrechez de una época o a sus modas. Qué más da que la señora Dalloway lleve un sombrero ridículo: es la pluma de Virginia la que forja la prosa y bruñe el metal de las palabras que, hasta traducidas, relucen con todo su esplendor y toda su complejidad.

Virginia Woolf, "La señora Dalloway". Madrid, Alianza, 2010.