
Las "insidiosas correhuelas" (capítulo dieciocho) extienden sus raíces mucho más allá del sitio donde brotan. Del mismo modo un crimen, aunque sea un crimen olvidado, un "crimen dormido", extiende sus ramificaciones de un modo inexorable sobre el presente. Eso lo sabe bien miss Marple. La incombustible dama ha conocido a Gwenda, una joven que se ha trasladado a Inglaterra para comprar una casa donde vivirán ella y su esposo. Pero la casa despierta en ella increíbles recuerdos. ¿O son simples aprensiones? ¿Vivió ella,acaso, en esa casa? Un lugar que está asociado al recuerdo de una joven con el rostro cianótico y el pelo rubio caída sobre el suelo del vestíbulo...La sagacidad de miss Marple se pondrá a pleno rendimiento para resolver este enigmático asunto. Pero también su increíble energía se pondrá a prueba.
(En la ilustración, correhuela o campanilla, bella flor campestre que puede considerarse como una mala hierba).
Ágatha Christie, "Un crimen dormido". Barcelona, RBA, 2010 (1976).
Un crimen dormido
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Etiquetas: Agatha Christie
Mujeres valientes
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Pues sí, la cabra tira al monte. Tengo las obras completas de doña Emilia Pardo Bazán, más unos cuantos tomos sueltos de otras obras completas y obras publicadas en Espasa, Cátedra, Castalia, Anaya..etcétera. Pero veo una antología de cuentos en la librería La central del Sofidú (vulgo MNCARS), en la ampliación de Nouvel, y no me puedo resistir. Aparte de llos "Modi", compro esta antología de cuentos pardobazanianos. Empaquetados en una edición de buen papel ahuesado pero con unas ilustraciones como para adolescentes de hace chorropetecientos años. Encima, venía con una faja dorada recordando que el día 8 es el día internacional de la mujer...En fin, un batiburrillo. La fuerza de los relatos de la Pardo Bazán, sin embargo, rebasa todo etiquetado y toda compactación ad hoc..
Singular el relato "Drago", en el que una joven soltera (con lo que era ser "una joven soltera" a principios del siglo XX,en el límite siempre del descrédito y la malevolencia social), se enamora de un domador de circo...O eso parece.
(En la ilustración, un óleo del pintor granadino José María Rodríguez-Acosta, Museo de Bellas Artes de Granada, Palacio de Carlos V, Alhambra).
Emilia Pardo Bazán, "Cuentos de mujeres valientes". Madrid, Clan, 2010.
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Etiquetas: Emilia Pardo Bazán
La habitación infantil
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La maestría de los verdaderos artistas se demuestra en los detalles. Así en cualquiera de las bellas artes como en la literatura (o en la cama). Lorenzo Silva nos da una verdadera muestra de habilidad narrativa con la descripción, eso sí, sorpresiva, de una habitación infantil. Cuando un escritor sabe extraer de una sencilla enumeración de objetos aparentemente triviales todo el potencial expresivo y trae a la narración la atmósfera sentimental adecuada, es que roza la perfección. Los recursos literarios, bien lo sabe el escritor, no son ilimitados; pero tampoco han de ser por fuerza extravagantes; la bizarría estraga las más de las veces el conjunto o le añade un halo de inverosimilitud, que es lo que menos necesita un narrador. La pintura de esos sencillos objetos de consumo (los muebles, los juguetes, los libros, las imágenes de los personajes de películas) quedará como la iconografía infantil perfecta de este fin de década. Vistos por el sutil pintor de vanidades, maestro Lorenzo Silva.
Lorenzo Silva, "La estrategia del agua". Barcelona, Destino, 2010.
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Etiquetas: Lorenzo Silva
Desnudos femeninos
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Los desnudos de Otto Mueller (1874-1930) son de una modernidad aplastante. Frente al arte hiper kitsch que se hacía en la propia Alemania o en nuestro solar patrio a principios del siglo XX, este artista, sin abandonar la figuración, creó un arte de una simplicidad y una gracia exclusivamente modernas. No hay concesión al detallismo burgués, sólo hay una pasión formal ascendente y un amor al color verdaderamente enfervorizado.
La tempran muerte del pintor(con apenas cincuenta y cinco años)impidió que su arte se desplegara hacia no se sabe qué nuevos derroteros. Pero también le ahorró ver la requisa de más de trescientas de sus obras por parte de los nazis y cómo su arte, por esos eximios degenerados, fue etiquetado como "arte degenerado". El fascismo no tolera ni la belleza.
He vuelto a ver este cuadro en el Museo Thyssen. Y, como cada vez que voy a este museo, se me viene a la cabeza el refrán de "Dios le da garbanzos..." etcétera.
Otto Mueller, "Dos mujeres sentadas" (1922). Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
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Mundo Loewe
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Reconoce Vila que fijarse en el atuendo de las personas (y más en el de las mujeres) es algo superficial. Pero también que es la única forma de calar a las criaturas antes de que digan esta boca es mía. Por eso no deja de percatarse de que la jueza lleva un pañuelo de una marca con nombre mitológico en la primera pasada de ojos que le da. Y en la última escena, la que casi cierra la novela, luce un estupendo bolso rojo y pañuelo de idéntico logo (madrileño pero con nombre extranjero, que el casticismo tampoco da para tanto). Vila lee esos complementos, lo mismo que el portal donde vive la magistrada o el trabajo pelucario de sesenta euros lo menos que luce su señoría, en clave de barrera; una nada sutil barrera social que separa el mundo de, después de todo, dos servidores del estado, dos funcionarios encargados de mantener la ley y el orden en este bienamado estado de derecho.
Pese a todo, el buen hacer de la jueza (y el suyo y el de sus colaboradores) lo reconcilia no sólo con la instancia judicial sino consigo mismo. Como le dice la perspicaz Chamorro (que ahora sabemos que es humana, no sólo por haberse enamorado illo tempore de un geyperman sino por sentir celillos de la talla 36 de la Salgado): "Resucitaste".
Lorenzo Silva, "La estrategia del agua". Barcelona, Destino, 2010
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Pintriae
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"Los Modi son dieciséis y precisamente ésta es la cifra tope de teseras eróticas (pequeños discos de metal con representaciones de una pareja en actitud amatoria, propias de la Antigüedad romana), por lo que se piensa que Giulio Romano contaría con modelos de este tipo cuando diseñó sus parejas de amantes. Evidentemente, la numismática es una de las vertientes artísticas que se desarrolló ampliamente en el Renacimiento y también en este terreno se tuvo a la Antigüedad como referencia (...) Vasari, en la segunda edición de Les vite...(1568), indica que Giulio Romano sabía discernir sobre cualquier tema pero sobre todo de medallas.(...) Las "pintriae" se proyectan con originalidad en distintos Modi sin llegar a la copia".
Ana Ávila en Giulio Romano, M.Raimondi, J. F. M. Waldeck y P. Aretino, "Los Modi y los sonetos lujuriosos". Edición de Ana Ávila. Traducción de los sonetos de Mario Merlino. Madrid, Siruela, 2008.
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Los Modi
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Más allá de la expresión erótica, los Modi (los dieciseis dibujos de Giulio Romano grabados por Marcantonio Raimondi) simbolizan el interés del Quinientos por la figura humana en todos sus aspectos. Perdidos los dibujos originales, sólo se conservan los grabados en la versión coetánea, amén de una recreación del XIX del longevo artista Waldeck.Como escribe Ana Ávila, en estos grabados "El cuerpo a cuerpo adquiere una plasticidad especial (...)La búsqueda de la dificultad se convierte en un paradigma de la nueva estética del quinientos y Giulio Romano la proyecta en el acoplamiento de la pareja (...) los hombres y mujeres de los Modi aparentan escrituras corporales en el espacio, caligrafiándolo con brazos y piernas..."
El lenguaje artístico de la Antigüedad clásica está aquí presente. Pero no como una mera copia servil, sino como una recreación intensa y personal del artista, discípulo que fue de Rafael. En la reelaboración plástica de modelos antiguos palpitan también las experiencias previas de un Miguel Ángel (pletórico en los ignudi de la Sixtina o en la perdida Batalla de Cascina) o de un Antonio Pollaiulo o un Luca Signorelli.
En estos dibujos abunda la tipología de la figura femnina vista de espaldas, sentada o recostada, como luego la pintará Giulio Romano en los frescos del Palacio del Té de Mantua.
(En la ilustración, estudio para el techo de la Farnesina; Haarlem, Teylers Museum. Obra de Giulio Romano o de Rafael).
Giulio Romano, Marcantonio Raimondi, J. F.M.Waldeck y P. Aretino, "Los Modi y los Sonetos lujuriosos". Edición de Ana Ávila. Traducción de los sonetos de Mario Merlino. Madrid, Siruela, 2008.
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