Leer a Saramago

31 de julio de 2010



¿Qué es lo que me gustaría leer de Saramago? Su declaración de la renta (vulgo IRPF)...La que nunca escribió ni firmó en los últimos años, desde que se instaló en la isla de Lanzarote (Spain). Según la Agencia Tributaria (esa Hacienda que dicen que somos todos), le llegó a deber al fisco más de setecientos mil euros...
Estas minucias, desde luego, no empañan la calidad literaria del autor. Hasta ahí podíamos llegar. Pero sí emborronan su trayectoria como intelectual comprometido, como abogado de causas perdidas.Porque si no te comprometes -con la pela- con el sitio donde vives, qué sentido tiene comprometerse con lo que ni te roza. Queda bien, pero a la luz de lo otro, resulta bastante cínico.
Lo siento, pero se me han caído los palos del sombrajo con Saramago. ¿Será, además, porque es una época de crisis económica, de recortes de sueldos, de congelación de pensiones,de contrarreforma laboral? Y deberle al fisco más de cien millones de la antiguas pesetas es ligeramente...grave.

(En la ilustración, el municipio lanzaroteño de Tías, donde residió Saramago los últimos años de su vida y donde falleció).

Onfray

30 de julio de 2010


Le voy a dedicar a Michel Onfray una etiqueta aparte, separándolo de la genérica "filósofos". No es que comulgue con la totalidad de su pensamiento (es muy difícil, aunque loable, sustentar todo el edificio del pensamiento en el concepto de "placer") pero me parece extraordinariamente interesante. Onfray no es un dador de recetas para uso del consumidor (una autoayuda fina, vamos a decirlo así), ni le hace la pelota al lector.
Él expone su pensamiento con una contundencia y una persistencia admirables. Y se atreve con las religiones del libro: en este "Tratado de ateología, carga por igual contra el cristianismo, el islam y el judaísmo".
Sólo he leído seis de sus obras y ésta ha sido la última. Pero quizá la que define mejor el espíritu de este osado pensador francés. Y es que pensar y decir siguen siendo operaciones arriesgadas en este mundo contemporáneo, aunque parezca lo contrario.

Michel Onfray, "Tratado de ateología". Barcelona, Anagrama, 2008.

Sherlock Holmes

29 de julio de 2010



El caso de Arthur Conan Doyle es el típico caso del autor fagocitado por su criatura literaria. Es más, leyendo su biografía, sentimos a ratos conmiseración, a veces sorpresa, por las peripecias vitales de este autor que, como otros muchos, llega a renunciar al personaje al que le debe la vida literaria. Conmueve el empeño que pone en crear otras obras más serias y, sobre todo, el asesinato que perpetra contra el pobre Holmes. Como nos cuenta Jesús Urceloy -a cargo de esta edición-, después de despeñar al detective junto a su rival Moriarty, llegaban cientos de cartas a la casa del escritor, rogándole (e incluso amenazándolo) que resucitara al personaje. Y se crearon clubes y asociaciones con la consigna "Viva Holmes" (pág. 30). Los escritores, como los padres, son responsables del alumbramiento y crianza de sus hijos, pero no, está visto, de lo que hagan estos luego por sí mismos...
Este libro recoge el conjunto de la obra protagonizada por Sherloch Holmes, hasta un total de sesenta novelas, más o menos cortas, y relatos. Todavía no me los he leído (hoy ha llegado el libro a mis manos), pero tengo disfrute para rato.

Arthur Conan Doyle, "Todo Sherlock Holmes". Edición, introducción,notas y apéndices de Jesús Urceloy. Madrid, Cátedra, 2010. 7ª edición; 1661 páginas.

El mar, el mar

28 de julio de 2010



Spinoza, en su “Ética”, habla de un escritor español contemporáneo suyo que había perdido la memoria. Hasta tal punto, que no recordaba ser el autor de su propia obra. “(…) he oído contar de cierto poeta español que, atacado de una enfermedad, aunque curó de ella, quedó tan olvidado de su vida pasada que no creía fuesen suyas las piezas teatrales que había escrito…” (pág. 333).
Iris Murdoch también padeció una severa demencia que le impidió, en la última fase de su vida, saber que había sido escritora. En su madurez literaria, había escrito novelas hermosas y terribles, auténticas mareas narrativas que arrastran a sus personajes por abismos y los destrozan contra los acantilados de las pasiones humanas.
Hoy hablaré de “El mar, el mar” (He leído también “El príncipe negro” y “El sueño de Bruno”). Cuando lo leía, yo pensaba en el alto mar de las novelas de Enid Blyton.
Un mar pletórico también de mareas peligrosas y rocas que astillan los pobres botes de remos. El mar de Iris me parecía el mar de Los cinco hecho adulto. Un mar encrespado que no era sino el reflejo de las tormentosas relaciones de los humanos. En este caso, las que se establecen en torno a un famoso dramaturgo, Charles Arrowby, que se refugia una casa junto al mar con la intención de escribir sus memorias. Y a la vez que lo va haciendo, no sólo ajusta cuentas con su pasado, sino que éste revive con las numerosas visitas que va recibiendo en su casa marina. Un primer amor incluido.
Los sentimientos (en especial el sentimiento amoroso), son las poderosas corrientes que arrastran a los personajes de Iris hacia parajes desconocidos: los más insondables, los del alma humana. Pues, con ser terribles, podemos llegar a conocer los fondos marinos, pero no creo que sea tan fácil conocer, en la misma medida, el corazón de los humanos.

Spinoza, "Ética demostrada según el orden geométrico". Madrid, Alianza, 2007.

Iris Murdoch, “El mar, el mar”. Barcelona, Lumen, 2004.

Gaélicas

27 de julio de 2010


Las casas de los pueblos son así. Guardan las cosas más insospechadas. Libros, Sorpresas. Libros que son una sorpresa porque que no recordabas siquiera que los tenías. Y, de pronto, adquieren una nueva significación con una lectura veraniega reposada (como sólo pueden serlo las lecturas del estío, sin urgencia horaria, meditadas).
Eso me ha pasado con el libro de Catriona Zoltowska y Antonio Rivero.
La introducción me recuerda al Borges que, con amenidad, nos introduce en las literaturas germánicas. En la de estos autores se hace referencia a los orígenes del gaélico escocés, una de las ramas del árbol de las lenguas celtas, llegado a la zona desde la vecina Irlanda en el siglo VI d. C.
Las canciones recogidas tienen la peculiaridad de que, en su mayoría, están compuestas por mujeres. De algunas de esas autoras se recoge una breve noticia biográfica al final del libro; tienen nombres tan espectaculares como Donnchadh Bàn Mac an t- Saoir (que murió en fecha tan tardía como 1812) o Dòmhnall mhic Fhionnlaigh nan Dan (que vivió en la primera mitad del siglo XVI).
Los tipos de canciones son también muy curiosos, yendo desde los lamentos hasta las canciones de enfurtir (composiciones que se cantaban mientras se trabajaba la lana) o las ceòl sidhe (literalmente música de hadas, pero que en realidad cumplían la menos poética función de vincular un clan a un territorio concreto).
Una de las más hermosas -y dramáticas también- es el Lamento por Ghrigoair mac Ghrigoair de Gleann Sreith ,decapitado en 1570 en el que se dice: “Pusieron su cabeza sobre un tocón de roble/y vertieron su sangre en el suelo: /si yo hubiera tenido allí una taza/la habría bebido hasta saciarme”.

(En la ilustración, el "Book of Deer", manuscrito escocés del siglo XII con anotaciones en gaélico).

“Canciones gaélicas. Antología de la poesía vernácula escocesa (siglos XVI-XVIII)”. Edición y traducción de Catriona Zoltowska y Antonio Rivero Taravillo.
Málaga, Diputación de Málaga, 2003.

Agustín de Hipona

22 de julio de 2010


Durante una época de mi vida, viví en el siglo IV d.C. Es decir, leía todo lo que caía en mis manos sobre él, lo compraba todo (libros de viejo, actas de congresos, libros de librerías religiosas -homiléticas, hagiografías, compendios de literatura sacra. Y por supuesto, monografías históricas.
Todavía no puedo resistirme a cualquier autor de la época que no tenga en estantería. O a estudios tan interesantes como el de Mercedes Serrato sobre el ascetismo femenino en Roma, o el de Pedro Castillo sobre los mártires hispanorromanos.
Acabo de ver que Jesús Mosterín acaba de publicar una obra sobre el pensamiento cristiano en el que, al parecer, le dedica una buena parte a Agustín de Hipona (San Agustín para los amigos).Sobre el personaje en cuestión, ya tengo la biografía monumental de Brown (de Peter, no del otro papafrita)en Acento.
La obra de Mosterín no creo que me la compre. De este autor sólo he leído una obra: "La naturaleza humana". Un sesudo estudio para demostrar que los humanos...tenemos naturaleza. Bueno, no es tan simple la cosa. Se trata de una obra estupendamente documentada sobre los aspectos que conforman al ser humano como tal (reproducción, muerte, genoma, mente y cerebro...etcétera). Pero acaba con un misticismo tan barato, con una salida de pata de banco, traicionando todo el empeño racionalista y el cúmulo de datos tan bien trabados y expuestos con lucidez, que es una pena que sea ése el colofón. Cito textualmente. "En la lucidez incandescente de la conciencia cósmica se esconde la promesa de la armonía,la sabiduría y la felicidad. (...) La ciencia sin mística corre el riesgo de quedarse en mera gimnasia metodológica" (pág. 402). Toma ya (si ésa es la única gimnasia que podría gustarme a mí).
No, no me voy a comprar la obra de Mosterín. Un irracionalismo no puede combatirse con otro.

Jesús Mosterín, "La naturaleza humana". Madrid, Espasa-Calpe, 2006.

Peter Brown, "Agustín". Madrid, Acento, 2000.

Nicab

21 de julio de 2010


Ayer, 20 de julio, el Congreso de los Diputados español rechazó, con 169 votos a favor y 183 votos en contra, la propuesta de prohibir el uso del burka y del nicab (mi propuesta ortográfica es ésta, frente al impronunciable, en castellano, "niqab") en espacios públicos.
Claro, la idea partía del grupo popular. Y la progresía muestra una incomprensible paralización frente al uso de esas prendas femeninas (exclusivamente femeninas)tan discriminatorias como denigrantes para la dignidad humana. El problema es que el PSOE padece el prurito (tan sesentayochiano) de que está mal prohibir. O subsiste quizá la falsa idea de que hay que respetar todas las religiones y todos los elementos de éstas, aunque laminen el núcleo duro de los derechos humanos, como es este caso.
La ministra Aído declaraba formalmente el otro día, su oposicón a la prohibición expresa por parte del estado.
En todo caso, personalmente preferiría que, en vez de para la ministra de Igualdad o para la portavoz del PP (en la ilustración), el burka se reservase para Cristóbal Montoro. O para Pepe Blanco. Porque estas prendas imponen, no sólo el desdibujamiento de la personalidad y la subjetividad como referente para el otro, sino el silencio más completo sobre la persona.
Un burka, un nicab son campanas de silencio colocadas sobre un ser humano. Aunque, en el caso de algunos polítcos, a ratos, hasta se agradecería...