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La tía Julia

21 de agosto de 2011

¿Qué puede hacerte soportable una hora de espera de pie en el aeropuerto? La literatura, por supuesto. Con la tía Julia, se me pasó el tiempo volando. El libro me lo había reservado para estos menesteres y no me ha decepcionado. Aunque al principio no me enganchó, cuando me metí en faena no pude dejar de leer hasta las escalerillas del avión y luego seguí leyendo dentro, por supuesto. Descubrí así que para las compañías low-cost el libro no es equipaje de mano, no es nada: puedes llevarlo debajo del sobaco y es como si fuera un pañuelo o cualquier atavío folclórico. O quizá lo consideren como una biblia y no se atrevan a recovenirte que lo lleves trincado como si de él dependiera tu salvación personal.
La novela es espléndida. La admiración que produce el artificio libresco sólo se completa con la avidez, el deseo de seguir leyendo, que desatan sus historias. Pues no sólo se admira al magnífico escritor sino al cotilla que te cuenta los chismes más estupendos de esa forma tan admirable.
(Adivinanza: de los dos sujetos de la foto, quién es diez años mayor...)

Mario Vargas Llosa. "La tía Julia y el escribidor". Madrid, Santillana, 2011.


Sobre la lectura

7 de diciembre de 2010


Ayer en la rueda de prensa que dio en Estocolmo, Mario Vargas Llosa habló algo sobre la lectura; también sobre la capacidad de la literatura para ofrecer una mirada crítica sobre la realidad.
Estoy segura de que será un discurso magnífico el que realizará ante la Academia Sueca. El título, al parecer, será sobre la lectura y la ficción.
Estoy deseando leerlo. Seguro que dirá algo más allá de lo vertido en libros como "La verdad de las mentiras" o "La orgía perpetua"; su talento no le permitirá menos. Ha de ser un discurso elocuente y brillante.
Entretanto, he arrumbado al celta. Hay algo que me irrita en este libro; algo grandilocuente (quizá ese vasto panorama histórico), algo de cartón piedra que hace que no logre meterme en la lectura. Quizá me recuerde a "La guerra del fin del mundo", la novela que menos me gustó del autor hispano-peruano.

Materia congoleña

27 de noviembre de 2010



Compruebo con estupor que tengo el libro hace tres semanas...y sólo he leído cuarenta páginas. ¿Qué hacer? Mi tesis era abandonar sin remordimiento libro aquél que no me enganche en las primeras páginas. Pero ¿por qué no me ha cautivado este Vargas Llosa? Se me ocurren dos respuestas. Primero, que el personaje no me seduce en absoluto y, al estar redactado el texto en tercera persona, tampoco cabe una identificación con el mismo, al menos con parte de sus vivencias. Segundo, que la materia que explana como un descubrimiento para el mundo occidental (a saber, la brutal explotación y las exacciones terribles a las que sometieron Leopoldo II de Bélgica y secuaces al territorio del Congo, con la complicidad e idénticas intenciones en otros lugares de las potencias europeas), esa materia forma parte de la asignatura que he enseñado varios años, Historia del Mundo Contemporáneo; no me sorprenden, por tanto, ni el cinismo del monarca belga ni los crímenes cometidos en aras de una supuesta extensión de la civilización ni las justificaciones teóricas del racismo ni la inmutable "ley del más fuerte" que imperaría entre las naciones....
Bueno, le daré otra oportunidad (oportunidad injusta a todas luces, pues se la doy a un nobel pero quizá no se la daría a un novel...). Ya os contaré.

Mario Vargas Llosa, "El sueño del celta". Madrid, Alfaguara, 2010.

Las hermanas Mirabal

10 de noviembre de 2010


En una anterior entrada, coincidimos Laura V. (excelente investigadora y escritora, cf. su artículo "Del gabinete perfumado a la redacción del periódico" en www.lacavernadeplaton.com) y yo en afirmar que el libro que más nos gusta de Vargas Llosa es "La fiesta del chivo". En él salen estos tres personajes, las hermanas Mirabal (Minerva, Patria y María Teresa), asesinadas por el régimen criminal de Trujillo un 25 de noviembre de 1960.
Por ello, en el mes de noviembre, en ese preciso día, se instituyó el "Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer". No son más execrables desde luego las motivaciones políticas que las personales (el odio puro y duro) en el asesinato de una mujer, pero ahí están ellas para recordarnos que todo crimen, sea cual sea su origen, es absolutamente intolerable.

(En la ilustración, las foografías de Minerva, Patria y María Teresa Mirabal).

Mario Vargas Llosa, "La fiesta del Chivo". Madrid, Suma de Letras, 2001; pág. 197 y ss.)

Mario lector

8 de octubre de 2010

Me ha alegrado muchísimo la concesión del premio Nobel de literatura a Vargas Llosa. También por la lengua española, pero sobre todo por el excelente escritor que es (yo me quedo con "La fiesta del Chivo") y el magnífico ensayista que también es. Esto último tiene que ver con otra faceta valiosísima de Vargas Llosa: es un lector muy bueno. Un lector capaz de entusiasmarse con la obra de otros, como demostró en su ensayo "La orgía perpetua", dedicado a la "Madame Bovary" de Gustave Flaubert. Seguro que de la obra hay ediciones más recientes, pero yo tengo una de segunda mano de Bruguera, con un papel marronáceo.
En la página 72, cita la frase de Flaubert que justifica el título de su ensayo. Que más o menos viene a decir (la traducción es mía) que "la única manera de soportar la vida consiste en aturdirse con literatura como si fuera una orgía perpetua".
A nuestro orgiástico Mario Vargas Llosa es, pues, a quien le han dado ese premio tan codiciado.

Mario Vargas Llosa, "La orgía perpetua". Barcelona, Bruguera, 1978.