Meteorología

4 de septiembre de 2010


Unos de los comentarios habituales en las novelas de Sherlock Holmes son los meteorológicos. Pero en un sentido especial. No son las simples expresiones de extrañeza o admiración hacia un tipo de tiempo concreto, sino que aparecen conectadas a una reflexión característica. Se supone que las hace Watson, el narrador y recopilador de los casos del detective de Baker Street. Y expresan la aparente paradoja del poder de la naturaleza (lluvia violenta, fuertes vientos, temperaturas gélidas) incluso en una ciudad como Londres, el culmen de la civilización y el desarrollo urbano a finales del siglo XIX. Así en "Las cinco semillas de naranja" se lee:
"Nos encontrábamos en los últimos días de septiembre, y las tormentas otoñales se nos habían echado encima con excepcional violencia. Durante todo el día, el viento había aullado y la lluvia había azotado las ventanas, de manera que hasta en el corazón del inmenso y artificial Londres nos veíamos obligados a elevar nuestros pensamientos, desviándolos por un instante de las rutinas de la vida y aceptar la presencia de las grandes fuerzas elementales que rugen al género humano por entre los barrotes de su civilización como fieras enjauladas" (páginas 323 y 324).
Para el hombre de la época victoriana, que creía haber llegado a un óptimo desarrollo civilizatorio (y Sherlock Holmes expresa una ilimitada confianza en el desarrollo de las ciencias y la razón como instrumento cognoscitivo) eso debía resultar, cuando menos, chocante.
El siglo XX, claro, (con el auge de los fascismos y el totalitarismo soviético, las dos guerras mundiales, sus desastres ecológicos, el cambio climático) aún estaba por llegar.

Arthur Conan Doyle, "Todo Sherlock Holmes". Madrid, Cátedra, 2010.

1 comentarios:

Laura Uve dijo...

Síii, no había caido en ese optimismo y en esa confianza en el progreso y la razón que se percibe en estas novelas (y mucho menos lo había relacionado con el aspecto de la metereología).
De acuerdo en que el periodo de entreguerras supone la crisis de la mentalidad burguesa apoyada en la Ilustración, y, por tanto, en la razón. Lo irracional, sobre todo con el fascismo, se extendió como una posibilidad (terrorífica).
Muy original el planteamiento.
Bssss