Las olas

21 de julio de 2011


La novela virginiana está en el filo dudoso del agua y el aire entremezclados: en los límites ciertos de la legibilidad. Con "Las olas" Virginia Woolf crea un lenguaje poético muy personal y de gran belleza en muchos aspectos, pero que es, en sí mismo, una callejón sin salida. No hay opción para seguir adelante en esa senda; no es posible ir más allá en la pérdida de referencias comunes con el lector, en la utilización de un lenguaje no convencional (es decir, no sustentado en la tradición, en el uso compartido del lenguaje). La dilución del sentido, la inanidad, la atomización del mundo -su insignificancia dado su carácter tan íntimo que se convierte en intransferible- acechan como un monstruo a cualquier texto que ose dar un paso más en esa dirección.
Seis personajes tejen sus monólogos, partiendo de una infancia en común. Y las olas, marco de referencia visual, abren esos grandes capítulos que agrupan las distintas voces, voces sobre las que vemos pasar el tiempo como el tiempo envuelve el agua y la riza hasta convertirla en un cúmulo de espuma....(el tiempo y la muerte como corolario, el tiempo y la percepción del tiempo).
No es posible comprender este texto sin tener en cuanta las condiciones de su escritura y publicación. A la altura de 1931, Virginia Woolf era una escritora de éxito. No obstante, su libertad para escribir lo que quisiera, para innovar en los aspectos que le diese la gana, se asentaba en el sencillísimo hecho de que la publicación de sus obras estaba asegurada en la empresa editorial que ella y Leonard, su marido, poseían. No quiero ni pensar qué hubiera pasado con esta novela en un mercado editorial como el que hoy padecemos (si Virgina fuese nuestra contemporánea, si no poseyese editorial alguna). Estaría sumergida, a buen seguro, en las profundidades de cualquier archivo informático sin la más mínima posibilidad de salir a la superficie.

Virginia Woolf, "Las olas". Madrid, Cátedra, 2010 (1931).

3 comentarios:

Juan Herrezuelo dijo...

Cuántas Virginias Woolf estaremos perdiendo, qué ruptura tan espantosa con la tradición literaria universal está provocando el mercado editorial en este desnortado siglo XXI. (Muy acertada la doble metáfora de estar sumergida en las profundidades sin posibilidad de salir a la superficie. Hoy Virginia se hubiera metido las piedras en el bolsillo mucho antes). Un saludo, H.

HLO dijo...

Vaya, muy consolador con el mar tan ceca...(Es broma pero casi que no).
Es verdad que este mercado es despiadado pero las condiciones de vida de las mujeres a finales del XIX quizá lo era más.

Un abrazo

Laura Uve dijo...

Tengo que releer esta obra, como he hecho hace poco con "Una habitación...". Es una de las escritoras que más admiro, por su obra (me ha gustado mucho tu entrada), por su actitud personal ante la vida, por su conciencia como mujer y como mujer escritora.

Me parece que publicar, en el XIX y principios del XX, para una mujer, no era nada, nada fácil...

El mercado (como dice Rosa María Artal, hablando con propiedad, los especuladores) siempre es despiadado.

Un abrazo!!