El misterio de los hijos

14 de octubre de 2009


Wallander se da cuenta de que no concoe nada de su hija cuando ésta aparece una día con una flamante Harley Davidson. No sabe cuál es la materia de sus sueños, ni cuáles sean sus aspiraciones. Se pregunta, por ejemplo, por qué a los treinta y cinco años su hija aún no se ha planteado tener descendencia. Por eso se queda turulato cuando, de una tacada, Linda le anuncia que está embarazada y la identidad de la persona de la que va tener ese hijo. Wallander, tan perspicaz en su trabajo, carece (como todos los padres, supongo)de las herramientas adecuadas para comprender a su propia hija. Los hijos no son artefactos, criaturas hechas a nuestro arbitrio y placer. Los hijos no son nuestra carne, aunque los sintamos como una prolongación física y real de nuestra carnalidad.
Los hijos son un misterio insondable, Wallander. Hasta sus nombres. Aunque, si Mankell sabe algo de castellano, tendrá que admitir que era inevitable que si la mujer de Wallander se llamaba "Mona", su hija habría de ser "Linda".

Henning Mankell, "El hombre inquieto". Barcelona, Tusquets, 2009.

3 comentarios:

maría josé. dijo...

En libros anteriores asustaba la distancia entre hija y padre - talante nórdico, quizá -;después, observando la evolución conforme iba madurando Linda, me he dado cuenta de que ese tipo de relación es mucho más realista que la elegida por D. Leon entre Brunetti y Chiara.Al fin una alegría en la vida de Wallander ¿Qué ópera habrá elegido para meditar sobre el acontecimiento?.

Lucía dijo...

¡Ja,ja, sí que has estado fina!
Un abrazo.

HLO dijo...

Es que la relción de Brunetti con su hija de emplagosa se pasa casi a incestuosa.