La asesina de Kant

17 de octubre de 2009



Kant vivió, para la época, una existencia prolongada: casi ochenta años (el filósofo nació en 1724 y falleció en 1804). No obstante, sus últimos años estuvieron caracterizados por una decadencia física y mental muy penosa. Se discute cuál pudo ser la causa de ese deterioro que lo llevaría a la tumba una fría mañana de febrero. Es posible que fuese el temido alzheimer, enfermedad que provoca la más atroz de las pérdidas: la de la conciencia. Después de una serie irrelevantes olvidos, el enfermo de Alzheimer se sume en una espiral que lo lleva desde la incapacidad para reconocer objetos familiares hasta la falta de control sobre la actividad más simple y el cuidado de su propia persona, para terminar con la pérdida de la capacidad de hablar. La asesina de Kant sería, según la enfermedad descrita por Alois Alzheimer, una proteína, la beta-amiloide. Esta sustencia se acumula entre las neuronas formando unas placas junto con terminales nerviosas degeneradas. Las neuronas mueren y el cerebro ya no puede realizar sus funciones de una forma adecuada.
Al final de sus días, el pobre Kant no podía ni firmar porque no sabía cuáles eran las letras que formaban su apellido. Había olvidados las grafías que correspondían a determinados sonidos. Había desaprendido a escribir.

E. Wasianski. "Vida íntima de Kant". Sevilla, Renacimiento, 2003.

Francisco Mora, "¿Enferman las mariposas del alma?". Madrid, Alianza, 2004.

2 comentarios:

Nerea dijo...

El Alzheimer efectivamnete es una de las enfermedades mas crueles que existen.
Te despoja de absulutamente todo.

HLO dijo...

¡Que los genes nos protejan, dios!