Libertina

28 de enero de 2010


Pierre Carlet de Chamblain, Marivaux para los amigos, nace en París en 1688. No hay muchos datos fiables sobre su vida pero sí sabemos que una providencial negativa a heredar un carguito de su padre lo encamina a la literatura. Con una extensa cultura literaria como bagaje, frecuenta salones como el de Mme, de Lambert y Mme, du Tencin ("la aventurera de la Ilustración"). Pronto triunfará en el teatro pero sobre todo con la novela (La vie de Marianne). Entre 1734 y 1735 aparece su novela "De campesino a señor". En ella aparece una descripción encantadora: la de la libertina "inocente". Una señora casada que pasa la vida en disipaciones, que tiene amantes, pero todo ello con una naturalidad pasmosa. Un pequeño libertinaje, como apunta el autor, "con la mejor fe del mundo". No se consideraba coqueta y en realidad no lo era porque "lo era sin reflexión".
El protagonista, un joven rústico, "apuesto como puede serlo un campesino", contará sus peripecias en primera persona. Desde su llegada a París como criado hasta su incontestable ascenso social. Pero lo que mueve a Jacob, nuestro protagonista, no es en realidad la ambición sino la búsqueda de lo placentero. Vivaz y despabilado, tiene las ideas más claras de lo que parece. Cuando entra a servir a dos hermanas muy religiosas ("de las de director espiritual") hará un retrato implacable de la más devota. "Los devotos afligen al mundo", afirmará.

(La ilustración pertenece a Antoine Watteau, contemporáneo de Marivaux; un exquisito desnudo, "Diana", con excusa mitológica).

Marivaux, "De campesino a señor".Madrid, Cátedra, 1996.

2 comentarios:

Eloisa dijo...

Extremadamente sugerente tu reseña de Marivaux:invita a visitar la bastante olvidada literatura del gozoso XVIII, que tengo dejada de lado desde los tiempos en que leí Las amistades peligrosas y los cuentos de Voltaire.Por favor, sigue deleitándonos con tus recomendaciones dieciochescas, y qué felicidad que nos dejes entrar en tu salón. Enhorabuena por tu blog.

HLO dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Un día de estos me compro una peluca blanca y monto un salón de verdad, con literatos y abates a tutiplén.